Es de llamar la atención como algunos medios electrónicos –particularmente las dos principales televisoras del país- han manejado la promoción en torno al partido de hoy entre las selecciones de Estados Unidos y México.
Llamarle “Guerra Fría” a un juego de futbol es hasta cierto punto entendible –aunque en lo particular no lo comparto- desde el punto de vista de la mercadotecnia, porque a final de cuentas se trata de despertar el interés en el televidente; y tal vez dándole un llamativo título de película a un partido, se consiga vender más un producto por el cual se pagan altas cantidades de pesos en materia de patrocinio.
Lo que no comparto en lo absoluto, es el ego tan elevado con el que se promociona el partido en la televisora del Ajusco –o sea, TV Azteca-, en donde el choque entre los dos países pasa a segundo término, y parece más una oda a la vanidad desmedida. Particularmente me refiero al promocional en donde aparece el señor André Marín, en el que afirma “ser parte de la selección”, por el simple hecho de haberle dado cobertura periodística desde hace casi 20 años.
Un periodista de tanta antigüedad como el señor Marín, seguramente sabrá que la verdadera labor periodística, sin importar el mucho o poco tiempo que se tenga realizándola, no hace al individuo parte de un equipo de futbol o de una delegación deportiva. El verdadero periodismo –por lo menos así dicen- debe ser siempre imparcial, y alejado de cualquier otro interés que no sea el de informar o crear opinión.
Aunque siempre será malo hablar en primera persona, pondré el siguiente ejemplo: Un servidor –aficionado de siempre al León- ha estado junto a la banca del equipo esmeralda en innumerables partidos en los últimos 7 años –realizando la labor de informar durante los encuentros de este equipo-, y jamás me he sentido –a pesar de mi afición por dicho cuadro- parte del León. Como informador, perdería credibilidad –como algunos otros por ahí- si “pomposamente” me anunciara como parte del club, por el simple hecho de estar cerca y de entrevistar a sus jugadores. ¿Con que cara podría criticar o señalar cuando las cosas salen mal? ¿Acaso no me estaría convirtiendo en un “porrista con micrófono”? (¿Les suena familiar esta situación?)
¿Esto quiere decir que el señor Marín aceptará también como propio el fracaso –si se da- de Sven Göran-Eriksson? O quizá también debamos culparlo –junto con los jugadores y los federativos- por los fracasos de Hugo Sánchez, porque al fin y al cabo, él es “parte de la selección”.
Por todo lo anterior, la responsabilidad de aparecer frente a una cámara de televisión, o de hablar ante un micrófono, nunca debe ser separada de la objetividad y la imparcialidad, sin importar cuanto nos mueva el “ego” de anunciarnos como los “todopoderosos” de la comunicación deportiva. Como siempre, la mejor opinión es la de Usted.
