Beisbol y Softbol: ¿Cuáles son sus principales diferencias?


Por Luis Miguel Guerrero

Aunque a simple vista el beisbol y el softbol parecen el mismo deporte, existen diferencias reglamentarias y técnicas que modifican de manera importante la dinámica de juego. Ambos comparten el mismo objetivo central: anotar más carreras que el rival recorriendo las bases. Sins embargo, pero presentan variaciones en dimensiones, tipo de lanzamiento y equipamiento.

Una de las diferencias más evidentes es el tamaño del campo. En el beisbol, la distancia entre bases es de 90 pies (27.43 metros), mientras que en el softbol es de 60 pies (18.29 metros). Las bardas también varían: en beisbol profesional pueden ir aproximadamente de 95 a más de 120 metros, mientras que en softbol suelen ubicarse entre 67 y 75 metros.

El lanzamiento es otra diferencia clave. En el beisbol, el pitcher lanza la pelota por encima del hombro desde una distancia de 60 pies 6 pulgadas (18.44 metros). En el softbol, el envío se realiza por debajo del hombro (estilo molinete) y desde una distancia menor, que en la modalidad femenina internacional es de 43 pies (13.11 metros).

Además, el área de lanzamiento cambia. En el beisbol, el pitcher trabaja desde una lomita elevada, mientras que en el softbol lo hace dentro de un círculo de lanzamiento, marcado en el terreno, desde donde debe iniciar la jugada. En el softbol también existe una regla específica del círculo que limita el movimiento de las corredoras cuando la pitcher controla la pelota dentro de esa zona.

El tamaño de la pelota también es distinto: la bola de softbol es más grande, generalmente de 12 pulgadas de circunferencia, mientras que la de beisbol mide alrededor de 9 pulgadas.

En cuanto al bat, en el beisbol profesional (como MLB) se utilizan exclusivamente bates de madera, mientras que en el softbol —y en muchas ligas amateur y colegiales— es común el uso de bates de aluminio o materiales compuestos, lo que influye en la velocidad de salida de la pelota y en el estilo ofensivo del juego.

Otro aspecto relevante es la protección de las pitchers. En el softbol es cada vez más común que las lanzadoras utilicen caretas o protección facial, debido a la cercanía con la bateadora y la velocidad de reacción necesaria tras el contacto. En el beisbol, el uso de protección facial para pitchers es opcional y menos frecuente, aunque algunos jugadores la emplean tras sufrir lesiones.

Finalmente, la duración del partido también varía: el beisbol se juega a 9 entradas, mientras que el softbol estándar se disputa a 7 entradas.

En esencia, aunque comparten fundamentos y estructura, el beisbol y el softbol presentan diferencias reglamentarias y de equipamiento que generan estilos de juego propios, haciendo que cada disciplina tenga su identidad dentro del diamante.

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Tercera derrota consecutiva para un León sin pies ni cabeza

Por Luis Miguel Guerrero

Para sorpresa de nadie, el León está sumido en una nueva crisis, y la derrota en Monterrey ante Rayados así lo confirmó.

Lo que pintaba para ser una mejor temporada luego de aquel triunfo en la jornada uno ante Cruz Azul, se ha convertido en los últimos tres partidos en un verdadero calvario, en el que la inoperancia y los errores son la única constante.

De repente, Ambriz parece haber perdido la brújula en la dirección técnica. Nacho le mueve aquí y le acomoda allá, y ha comenzado a experimentar con jugadores en las diferentes posiciones. Para la cita en el “Gigante de Acero” vimos a Jordan García en el arco, y al “joven” Abraham Villegas en la lateral izquierda, siendo ambos tal vez de lo poco bueno que vimos ante La Pandilla. Mandando al colombiano Arcila de inicio en el medio campo, el estratega esmeralda también ajustó esa zona, aunque con nula fortuna.

Y es que la media leonesa no funciona: Daniel Arcila, voluntarioso y tratando de tomar la batuta en la conexión hacia el frente, terminó teniendo una tibia e improductiva actuación. Juan Pablo Domínguez intenta hacer algo diferente, pero su último toque suele ser impreciso o débil. Iván Moreno luce desesperado y poco productivo; pero la peor calificación se la lleva Rodrigo Echeverría, quien recupera escasos balones y tiene un nulo aporte al momento de ofender, mostrando su peor nivel desde que se enfundó la casaca verde. Y tan mal anda el chileno, que tuvo que recibir ayuda del lesionado Iván Rodríguez. Así de pobre es su desempeño.

Pero atrás, la cosa está peor. La defensiva leonesa sigue siendo un carnaval, y da la impresión de que ahí está el principal mal del conjunto esmeralda. Centrales mal ubicados, laterales inconstantes en su desempeño, errores en la marcación, y pérdidas infantiles de balones, es lo que persiste en esta zona del campo leonés. La zaga extrañó a Sebastián Vegas, y quien más lo resiente es el irregular Stiven Barreiro, cuyas actuaciones suelen ir de lo sublime a lo desesperante.

Adelante, Diber Cambindo sigue desperdiciando oportunidades claras, mientras que un fantasmal Nicolás Vallejo por segundo partido consecutivo sigue sin mostrar por qué el Peñarol lo peleaba tanto.

Ambriz sigue tardándose en hacer cambios, y resulta inexplicable por qué ajusta su delantera hasta el minuto 87. Esperar que Funes Mori y el relegado “Plátano” Alvarado resuelvan el partido en cinco minutos, no es más que otra señal de la desesperación del técnico esmeralda.

Monterrey, al igual que los más recientes rivales, hizo apenas lo necesario para quedarse con los tres puntos. Y no se requiere hacer mucho ante un cuadro tan inoperante como el leonés. Conseguir el triunfo con un remate de cabeza en el corazón del área por parte un elemento que mide 1.75 (Sergio Canales) y que claramente no es rematador, habla de la ineficacia del rival.

La cosa pinta fea en territorio esmeralda, y vamos a ver si finalmente ante Santos el equipo leonés revierte esta seguidilla de malos resultados. Caso contrario, esto se puede poner aún peor.

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