La contundencia sigue pendiente: León perdonó al Puebla y perdió dos puntos

Por Luis Miguel Guerrero

El que perdona pierde… o termina dejándose empatar de manera dolorosa. La Fiera dejó escapar dos puntos valiosos en su visita al Puebla, luego de igualar 1-1 un encuentro en el que mostró por momentos una mejoría respecto a sus últimas actuaciones, pero terminó pagando demasiado caro su falta de contundencia. Porque esta vez los Verdes tuvieron argumentos para llevarse la victoria, aunque fueron incapaces de reflejar en el marcador su superioridad durante buena parte del partido.

El inicio fue similar al de jornadas anteriores. Puebla tomó ligeramente la iniciativa ante un conjunto esmeralda que tardó en asentarse y que apenas consiguió su primer disparo a puerta después de veinte minutos. Sin embargo, conforme avanzó el encuentro, los dirigidos por Javier Gandolfi comenzaron a encontrar espacios, mejoraron la circulación de la pelota y mostraron una propuesta ofensiva mucho más interesante.

Con algunas modificaciones en su alineación, incluyendo las presencias de Irving Martínez, Jesús Lara, Ismael Díaz y Salvador Reyes, León terminó ofreciendo una primera mitad bastante más agradable que las anteriores. La Fiera se atrevió a jugarle de tú a tú al conjunto poblano en su propia cancha y encontró recompensa poco antes del descanso, cuando una buena asociación entre Fernando Beltrán y Diber Cambindo terminó con una acertada definición de Díaz para abrir el marcador.

En el complemento, Gandolfi volvió a mover sus piezas y consiguió mantener la iniciativa. Jordi Cortizo ingresó por un intermitente Beltrán y tuvo una participación aceptable hasta su absurda expulsión en tiempo agregado. Daniel Arcila sustituyó a Díaz, aunque el colombiano, pese a mostrarse participativo, lució desconectado y aportó menos de lo esperado. Rodrigo Echeverría cumplió sin destacar demasiado, aunque estuvo cerca de marcar un golazo con un disparo al travesaño, mientras que Juanpi Domínguez pasó prácticamente inadvertido.

León generó oportunidades suficientes para resolver el encuentro mucho antes del silbatazo final. Édgar Guerra y Echeverría estrellaron sendos disparos en el larguero, mientras que Diber Cambindo terminó convirtiéndose en el villano de la noche. El colombiano, quien había participado acertadamente en la jugada del primer gol, desperdició al menos un par de ocasiones claras que pudieron sentenciar el resultado.

Y aunque no puede cuestionarse su entrega, resulta evidente que el delantero atraviesa por momentos de poca efectividad. Cambindo lucha, genera espacios y participa en la elaboración, pero su principal responsabilidad sigue siendo marcar goles. Ante Puebla falló cuando más se necesitaba y quedó la impresión de que Gandolfi tardó demasiado en sustituirlo por Alfonso Alvarado.

Porque una cosa es generar futbol y otra muy distinta aprovecharlo. En ciertos periodos, León tuvo mayor profundidad, consiguió elaborar mejores jugadas y mostró variantes que habían estado ausentes en encuentros anteriores. Sin embargo, todo ese trabajo terminó perdiendo valor cuando Eduardo Armenta encontró el empate con un disparo de larga distancia a tres minutos del final, ante el que Irving Martínez no pudo responder.

El resultado deja sensaciones encontradas. Por un lado, hay que reconocer que La Fiera mostró una versión más dinámica y propositiva, algo que debe valorarse después de varias jornadas de funcionamiento irregular. Por el otro, preocupa que continúe desperdiciando oportunidades que pueden resultar determinantes en la pelea por los puestos de clasificación.

León llegó a 18 puntos, pero dejó escapar una victoria que parecía estar a su alcance. Y lo hizo precisamente cuando se aproxima la parte más complicada del calendario, comenzando con la visita del América al Estadio León.

La mejoría es evidente, pero de poco servirá si no viene acompañada de resultados. Porque en la recta final del torneo, jugar bien ya no será suficiente si se siguen perdonando tantas oportunidades frente al arco rival.

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Tres puntos para La Fiera en el último suspiro

Por Luis Miguel Guerrero

Esta vez lo mejor fueron los tres puntos. León derrotó 2-1 a Juárez en un partido ríspido, accidentado y con poco futbol, en el que volvió a mostrar esa extraña bipolaridad que comienza a convertirse en costumbre: un equipo con dificultades durante la primera mitad y otro mucho más decidido después del descanso.

Los primeros 45 minutos fueron bastante pobres. La Fiera generó poco, centralizó demasiado sus avances y volvió a carecer de profundidad. Ismael Díaz tuvo una de las escasas aproximaciones durante los primeros 25 minutos, pero después su participación se diluyó. Juárez tampoco ofreció demasiado y apostó principalmente por el contragolpe, por lo que el encuentro terminó convertido en una lucha constante en el mediocampo, con demasiadas faltas y pocas emociones.

Hay situaciones que Gandolfi parece empeñado en repetir. Una de ellas es salir jugando en corto desde prácticamente todos los saques de meta. León lleva constantemente la pelota hacia los costados aun cuando el rival presiona y termina comprometiéndose innecesariamente. No todas las jugadas tienen que construirse de la misma manera y variar de vez en cuando ayudaría a hacer menos predecible la salida esmeralda.

Para el complemento, el técnico modificó y volvió a acertar. Los ingresos de Édgar Guerra, Juanpi Domínguez, Salvador Reyes y posteriormente Alfonso Alvarado cambiaron el funcionamiento. La Fiera tuvo mayor presencia en campo contrario, recuperó más adelante y comenzó a jugar cerca de la portería de Sebastián Jurado. Sin embargo, volvió a presentarse una contradicción que ha acompañado al equipo durante buena parte del torneo: domina por lapsos, tiene la pelota, pero genera menos ocasiones claras de las que debería.

Guerra fue particularmente importante. Su velocidad y disposición para encarar por el costado le dieron al ataque una variante que había estado ausente durante la primera mitad. No siempre toma la mejor decisión, pero cuando se atreve a explotar la banda obliga al rival a modificar su esquema defensivo y ofrece algo diferente a un León que insiste demasiado en atacar por el centro.

Caso aparte es el del joven Jesús Lara. Tuvo una mala primera mitad, como casi todos sus compañeros, pero mejoró considerablemente después del descanso y mostró personalidad y voluntad. Resultan exageradas algunas críticas hacia el canterano. Nos quejamos de la poca producción de fuerzas básicas, pero cuando aparece un joven pretendemos que inmediatamente juegue como Gilberto Mora. Lara necesita minutos, confianza y, por supuesto, tiempo para equivocarse.

También cumplió Irving Martínez. El arquero debutante mostró los nervios naturales de la ocasión, pero respondió cuando fue requerido y hasta tuvo personalidad para encarar a Estupiñán. Una presentación aceptable para alguien que apenas comienza a recibir oportunidades en Primera División.

León encontró la ventaja con el discutido autogol de Francisco Nevárez y parecía tener controlado el encuentro, hasta que apareció una de las decisiones más cuestionables de la noche. Pésima resultó la labor de Yónatan Peinado, especialmente al señalar un penal en tiempo agregado en una acción donde parece ser Lara quien recibe la falta. Estupiñán convirtió y todo indicaba que dos puntos se escapaban del Estadio León.

Por fortuna para los Verdes, los movimientos desde la banca terminaron haciendo nuevamente la diferencia. Guerra generó la última acción por el costado y el “Plátano” Alvarado apareció en el momento preciso para conseguir un 2-1 tan agónico como celebrado.

León ganó y sumó tres puntos importantes, pero el resultado no debe esconder un funcionamiento irregular. Gandolfi volvió a encontrar soluciones con sus relevos, aunque sigue teniendo pendiente conseguir que su equipo juegue desde el primer minuto con la misma intensidad que muestra después del descanso.

Esta vez alcanzó para ganar en tiempo agregado. Y aunque el desempeño estuvo lejos de ser redondo, los tres puntos cuentan exactamente igual.

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