Por Luis Miguel Guerrero
Finalmente, La Fiera se reencontró con el triunfo este sábado, venciendo a un desesperado Santos Laguna. Fue un partido para el olvido, entre dos rivales igualmente inoperantes. Sin embargo, y aunque las formas no son las más agradables, lo importante para Ambriz y sus pupilos era conseguir los tres puntos a como diera lugar. Y así ocurrió.
Los Verdes mostraron en su casa un notorio cambio de actitud. La victoria sobre la escuadra lagunera se da más con base a pundonor que a buen futbol. En tiempos de crisis, el “cómo” pasa a segundo término, y los marcadores favorables es lo único que debe de importar. Sin embargo, también es una realidad que solo con “ganas” y pundonor difícilmente se obtendrán buenas cuentas ante rivales más competitivos.
Otra vez, Ambriz le movió a su once titular, con el regreso de Sebastián Vegas y Chava Reyes a su cuadro bajo. Nacho sigue congestionando su medio campo hasta con cinco hombres, teniendo en Rodrigo Echeverría a su contención, al colombiano Daniel Arcila como enganche, auxiliado por Iván Moreno, y con los improductivos Domínguez y Vallejo por los costados. Sin embargo, esta sobrepoblación de la media (“más” no es igual a “mejor”) produjo muy poco al frente, teniendo además -ante la presión del rival- escasa posesión del esférico.
Adelante, un solitario Diber Cambindo trató de mantener ocupados a Amione y a Balanta, aunque con muy pocas oportunidades de gol frente al arco de Acevedo.
Muy temprano en el partido, el León se encontró con dos goles que le dieron una engañosa ventaja sobre un rival que por momentos mostró buenas hechuras, gracias a su nueva dirección técnica. Con base al pressing y a la constante marcación dos a uno, los laguneros incomodaron a los locales durante buena parte del partido, logrando una mayor posesión del esférico y preocupando a la zaga rival con intentos de rápidos contragolpes. A fuerza de ser sinceros, Santos merecía una mejor suerte, pero una inercia negativa tan fuerte será difícil de revertir en uno o dos encuentros.
A La Fiera, por otro lado, las dos anotaciones parecieron resultar contraproducentes. Demasiado pronto vimos a un León echado atrás, tratando de consumir tiempo cuando apenas había transcurrido media hora. Amonestado al 36’ por retener el esférico, el arquero Jordán García, -quien por cierto tuvo una buena actuación- vivió el acoso del silbante Salvador Pérez. Por si fuera poco, el central se soltó repartiendo tarjetas amarillas a diestra y siniestra (seis en total, cinco para el León) condicionando también con su mala actuación el desempeño de varios jugadores esmeraldas.
Sin control del medio campo, la balanza se inclinó hacia un desorganizado conjunto lagunero, que aprovechó el enésimo descuido defensivo leonés para anotar su gol. En la recta final del partido y encabezado por un Lucas Di Yorio -que si hubiera mostrado esas mismas ganas durante su estancia aquí, habría anotado por lo menos el doble de goles-; la escuadra de Roberto Tapia se volcó al frente buscando sin fortuna la anotación del empate.
Al igual que en el encuentro anterior, Ambriz ordenó el ingreso de Iván Rodríguez -esta vez por el ineficaz Domínguez-, para reforzar la contención en la media. El llamado “Jefecito” nuevamente hizo pareja con Echeverría, nivelando un poco más las cosas en ese sector del campo. Más tarde, los relevos del “Avión”, Funes Mori, Alvarado y Díaz simplemente fueron de refresco. Preocupa que La Fiera haya terminado el encuentro “pidiendo la hora” ante el último lugar de la tabla, indicativo de que aún queda muchísimo por mejorar.
El León se quedó con los tres puntos… y le paramos de contar. Ahora, habrá que ver si se aprovecha la condición de local ante un Necaxa que seguramente será mejor sinodal que la escuadra de la Comarca.
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