Por Luis Miguel Guerrero
Nuevamente con más pundonor que buen futbol, el León se alzó este sábado con una importante victoria ante el irregular Necaxa. Pasó mucho tiempo -372 días, siendo exactos- para que La Fiera pudiera ligar dos triunfos, y eso -en tiempos de vacas flacas- debe celebrarse, aunque con moderación.
Pero más allá de los tres puntos conseguidos ante los Rayos, hay varios detalles para analizar. Principalmente se debe destacar la entrega que los elementos esmeraldas mostraron durante todo el encuentro. Hay ocasiones en las que, ante la ausencia de un buen funcionamiento colectivo, el orgullo saca adelante a un equipo, siempre y cuando el rival se preste a ello. Y ante Necaxa, un conjunto bastante medianito, parece haber ocurrido eso.
El León del primer tiempo fue más de lo mismo: pocas llegadas al arco contrario, escasa contundencia y errores en el cuadro bajo. Nicolás Vallejo sigue sin convencer en su función de enlace por izquierda, mientras que Daniel Arcila desaprovecha las oportunidades que le da el técnico, creyendo que con innecesarios disparos de larga distancia va a resolver los partidos. Ismael Díaz se muestra voluntarioso, pero muy lejos del nivel que le vimos el torneo pasado; mientras que en la media, Rodrigo Echeverría muy metido atrás en labores de escudo, es desaprovechado porque su real aporte suele darse metros adelante.
El cuadro bajo esmeralda, con un par de laterales que se suman poco al frente, nos volvió a regalar el ya tradicional error de cada partido, permitiendo un gol en jugada a balón parado cortesía de la mala marcación de Vegas; y sin olvidarnos del jalón de camiseta al rival por parte de Barreiro muy temprano en el partido, que pudo haber costado un penalti en contra. Son desconcentraciones defensivas que cuestan goles. Eso sí, hay que aplaudir la seguridad y el liderazgo que por momentos regala Oscar García, quien regresó al arco leonés y cumplió.
Necaxa, con una plantilla modesta y teniendo en Alexis Peña y en el “Chicote” Calderón a sus líderes, resultó ser un buen sinodal, dada la paridad que en su nivel tiene con La Fiera. Al igual que los Verdes, el conjunto aguascalentense acusa muchos problemas atrás, y muestra poco poderío al frente, teniendo en el aislado Badaloni a su única esperanza anotadora.
El gran acierto de Nacho Ambriz fue haber refrescado a su medio cuadro muy temprano en la segunda mitad. Contrario a su costumbre, el estratega leonés renovó a sus hombre en la media al minuto 58, dándole entrada a Cortizo, Beltrán y Domínguez. Muy pronto los cambios funcionaron, porque Domínguez nos regaló un golazo que prendió a una tribuna que minutos antes había castigado a su equipo con un tremendo abucheo. El mayor dinamismo que los tres ingresados imprimieron en la mitad del campo, ocasionó que la también renovada media necaxista perdiera totalmente el control de esa zona del campo.
Y así, con más ganas que orden, el León se volcó sobre la meta de Unsaín en búsqueda del gol de la victoria. La falta de contundencia sigue siendo tarea pendiente para La Fiera, que tuvo la suerte de encontrarse con la apretada marcación de un penal a favor, cobrado de manera excelsa por Diber Cambindo, quien a pesar de no brillar aún como se esperaba, sigue siendo de lo mejor del equipo en este torneo.
Lejos aún de una idea futbolística clara, las cosas comienzan a dársele a Ambriz, quien deberá apretar tuercas para mantener esta incipiente tendencia positiva. La visita a Mazatlán el próximo viernes luce como una oportunidad más de medirse ante un rival de menor nivel y tratar de seguir escalando posiciones. La temporada del León sigue siendo mala, y se requiere de mucho más para tratar de enmendarla.
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