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Un debut que dejó más dudas que respuestas

Por Luis Miguel Guerrero

El Apertura apenas comenzó, pero las interrogantes en torno a los Verdes llegaron desde el silbatazo inicial.

El León arrancó el torneo con el pie izquierdo al caer 2-3 frente al Atlas en su casa, en un partido que dejó más dudas que respuestas. Porque más allá de tratarse apenas de la Jornada 1, lo preocupante fue que el equipo esmeralda mostró los mismos problemas que arrastró durante buena parte del torneo anterior: desconcentraciones defensivas, generación irregular de futbol y una preocupante falta de orden en su cuadro bajo en varios lapsos del duelo.

El inicio fue un golpe seco para Gandolfi y su cuadro. No habían transcurrido ni dos minutos cuando Duk -para no variar, uno de esos jugadores que lucen en su debut frente a La Fiera- aprovechó las facilidades defensivas para adelantar a los Rojinegros. Como en tantas veces anteriores, el León volvió a regalar los primeros minutos del encuentro, obligándose a remar contracorriente prácticamente desde el silbatazo inicial.

La reacción llegó gracias a Diber Cambindo, quien demostró una vez más su importancia en el ataque esmeralda. Su anotación al 27′ parecía cambiar el rumbo del partido y le devolvía la confianza a un equipo que comenzaba a asentarse sobre la cancha. Sin embargo, el propio delantero colombiano terminó por modificar el destino del encuentro con una expulsión tan evitable como inoportuna. De héroe pasó a villano en cuestión de minutos, dejando a su equipo con diez hombres antes del descanso y condicionando por completo el planteamiento para la segunda mitad.

Y aunque jugar con un hombre menos siempre representa una desventaja, tampoco puede convertirse en el argumento para justificar la derrota. Porque fue entonces cuando aparecieron nuevamente las carencias de un equipo reforzado de forma precaria, y que sigue sin transmitir la solidez defensiva que tanto necesita.

Las desconcentraciones cuestan caro. Y tanto Cambindo, con su expulsión; como Rodríguez con su penal regalado, allanaron el camino para los Rojinegros en un duelo que ya de por sí lucía difícil para el León. Atlas encontró espacios con demasiada facilidad y aprovechó la superioridad numérica para recuperar el control del partido. Los goles de Alfonso González y Aldo Rocha pusieron cuesta arriba todo los Verdes.

Si algo dejó claro este debut es que León todavía está lejos del nivel que pretende su cuerpo técnico. A pesar de tener a dos hombres en la contención, el mediocampo tuvo dificultades para recuperar la pelota y generar juego, mientras que tanto la central, con el debutante Guevara y el irregular Vegas, como la lateral izquierda con Reyes, exhibieron desconcentraciones que terminaron costando muy caro. Da la impresión de que las semanas de preparación apenas alcanzaron para tomar ritmo físico, pero no para corregir los problemas colectivos que tanto afectaron al equipo en el semestre pasado.

Lo más rescatable llegó cuando el panorama parecía completamente perdido. El gol de Jordi Cortizo despertó el orgullo de un León que, por momentos, metió al Atlas contra su propio arco. Fue un cierre lleno de entrega, de intensidad y de voluntad, aunque también de poca claridad. La Fiera empujó más con el corazón que con las ideas, y aunque estuvo cerca de volver a meterse de lleno al partido, el tiempo ya no fue suficiente.

Al final, el intento de reacción dejó sensaciones encontradas. Por un lado, la actitud leonesa en los últimos minutos merece reconocerse; por el otro, resulta preocupante que esa versión apareciera únicamente cuando el marcador ya era adverso.

Esto apenas comienza y todavía queda mucho torneo por delante. Sin embargo, la derrota obliga a una rápida autocrítica. León necesita corregir con urgencia sus errores defensivos, encontrar mayor equilibrio en todas sus líneas y evitar que la ansiedad termine por apoderarse del equipo en los momentos complicados.

Porque el problema no fue perder el primer partido. El verdadero problema sería confirmar que, pese a casi dos meses de trabajo, el León sigue siendo exactamente el mismo equipo que dejó tantas dudas al final del torneo anterior.

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Se acabaron las esperanzas y La Fiera quedó fuera

Por Luis Miguel Guerrero

La ilusión leonesa no duro ni siquiera noventa minutos.

Porque lo de anoche en el Nemesio Diez no fue simplemente una derrota para los Verdes, fue una exhibición dolorosa que resumió una temporada de contrastes para La Fiera, la cual tuvo más momentos malos que buenos.

El 4-1 ante Toluca no solo significó la eliminación, sino también la confirmación de que este equipo nunca estuvo para competir, y que los cuatro triunfos al hilo no fueron suficientes para pensar en algo más importe. No hay excusas. No hay matices. Hay responsabilidades y hay, sobre todo, una enorme decepción en el aficionado leonés.

El golazo de Córdova al inicio de las hostilidades marcó el destino del partido. Porque aunque la escuadra de Gandolfi intentó responder y emparejó por momentos las acciones en la primera parte, su nivel no le alcanzó para revertir la historia ante un equipo escarlata alterno.

Apenas al minuto cinco, Toluca ya marcaba el ritmo del partido con el golazo de Sebastián Córdova, evidenciando una defensa desconectada y tibia. La anotación de Diber Cambindo, justo antes del descanso, parecía abrir una puerta a la esperanza, pero terminó siendo parte del espejismo.

La segunda parte del encuentro fue lo mismo de todo el torneo. Las fallas y desconcentraciones en el cuadro bajo, tan comunes en la etapa de Ambriz, volvieron a aparecer. Si algo terminó por sepultar al León en este torneo fue su fragilidad defensiva, y anoche volvió a quedar expuesta sin ningún tipo de disimulo. Lo más preocupante no fue recibir cuatro goles, sino la forma: descuidos en la marcación, falta de intensidad y errores del “Gato” García. Y eso que Toluca jugó con un hombre menos en el complemento.

Y si la defensa fue endeble, el mediocampo volvió a ser inconsistente. Para aspirar a avanzar a la liguilla, el León necesitaba controlar el partido y bajar revoluciones, pero jamás lo consiguió. La irregularidad en la media, en donde solo Rodríguez se salva de la quema, se hizo presente una vez más: ni recuperación efectiva, ni generación clara.

En el complemento, Toluca jugó cómodo. Demasiado cómodo para un partido donde León se jugaba la vida.

Arriba, la historia fue la misma de todo el torneo: chispazos aislados en medio de una falta de contundencia colectiva. Porque en cuanto Toluca apretó nuevamente, León se diluyó. Sin variantes, sin profundidad, sin capacidad de reacción. El equipo se volcó al frente más por desesperación que por idea, y terminó exhibido en cada contraataque.

Esta derrota no solo elimina al León del Clausura 2026. Golpea directamente en el ánimo de una afición que, hace apenas semanas, comenzaba a ilusionarse con una posible reacción. Ahora, y como se está volviendo una costumbre en los últimos torneos, no queda más que esperar a ver qué decisiones tomará la directiva, y cuales serán los planes para un equipo que ha dejado de ser protagonista, y que presionado por la desesperación de sus aficionados, requiere, sí o sí, volver a los primeros planos.

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