Por Luis Miguel Guerrero
La Fiera cayó en casa 3-5 ante el América, en un encuentro que dejó al descubierto las dificultades de un equipo que, pese a sus intentos de reacción, terminó siendo superado por un rival que mostró mayor orden, movilidad y contundencia. Ocho goles pueden sugerir un partido equilibrado y lleno de emociones, pero lo cierto es que las Águilas fueron superiores durante buena parte de los noventa minutos.
El inicio parecía prometedor para los Verdes, que intentaron adueñarse de la pelota y establecer condiciones. Sin embargo, volvió a presentarse una situación recurrente: mucha posesión y escasa profundidad. Mientras León circulaba el esférico sin conseguir aproximaciones importantes, América ya había generado tres disparos durante los primeros quince minutos.
El rigorista penal señalado por Ismael López y convertido por Henry Martín terminó por inclinar las acciones hacia los visitantes. Una decisión demasiado severa del silbante que, sin embargo, tampoco explica lo sucedido después. A partir de entonces, el mediocampo americanista impuso condiciones, recuperando rápidamente el balón y dificultando cualquier intento de construcción esmeralda. La Fiera perdió claridad, comenzó a equivocarse en la salida y terminó concediendo un segundo tanto después de una serie de errores dentro de su propia área.
Para el complemento, Javier Gandolfi buscó modificar el panorama y acertó con el ingreso del “Plátano” Alvarado por el joven Jesús Lara. El atacante respondió rápidamente con un certero cabezazo que parecía devolverle vida al encuentro, pero la esperanza duró demasiado poco.
Porque nuevamente apareció esa insistencia por salir jugando en corto desde zona baja, aun cuando el rival presiona y las condiciones no son las adecuadas. Una mala entrega, en un error combinado de Óscar García y Juan Guevara, facilitó el tercer gol americanista. Una situación que se ha repetido durante el torneo y que parece no encontrar solución desde el banquillo.
León intentó reaccionar, tuvo mayor presencia ofensiva y por momentos consiguió acercarse a la portería contraria, pero nunca logró controlar realmente el partido. América continuó manejando las acciones ante un conjunto local que buscaba generar peligro más por empuje que por una idea colectiva bien definida.
Tampoco fue una buena noche para varios elementos esmeraldas. Daniel Arcila volvió a perderse pegado a la banda, una posición en la que Gandolfi insiste en utilizarlo y que termina limitando sus cualidades como generador de juego. Lara recibió demasiada responsabilidad en un compromiso de alta exigencia y lució desubicado, mientras que Iván Rodríguez quedó a deber en sus labores de recuperación y equilibrio en la media cancha.
Mención aparte merece la pareja de centrales colombianos. Tanto Romaña como Guevara habían sido de los elementos más regulares y confiables del León durante el torneo, brindando seguridad a una zona que en otras temporadas había generado demasiadas preocupaciones. Sin embargo, ante América ambos tuvieron una noche para el olvido, con errores de marcación, dificultades para contener los avances rivales y poca coordinación en momentos determinantes.
Y cuando parecía que el golazo de Iván Moreno podía abrir la puerta a una remontada inesperada, la defensa volvió a desmoronarse. León se volcó al frente sin tomar las precauciones necesarias y América encontró espacios enormes para aprovechar el contragolpe. Los tantos de Óscar Perea y Brian Rodríguez terminaron por exhibir a un equipo mal parado y con una preocupante falta de equilibrio entre sus líneas.
El último gol de Ismael Díaz quedó simplemente para la estadística. La victoria americanista estaba decidida y la anotación solamente hizo un poco más decoroso un marcador que reflejó la diferencia entre un conjunto con mayor oficio y otro que terminó perdiendo el orden cuando intentó reaccionar.
Lo inquietante es la inconsistencia que sigue mostrando el cuadro verde, no solamente en el desempeño de sus jugadores, sino también en las decisiones de Javier Gandolfi. El técnico argentino, recientemente renovado en su contrato, ha tenido aciertos importantes durante el torneo, pero también insiste en planteamientos y movimientos que no siempre ofrecen los resultados esperados. La Fiera es capaz de mostrar un futbol dinámico y competitivo en algunos encuentros, para después caer en el desorden y la falta de ideas. Una irregularidad que, a estas alturas del campeonato, debería comenzar a superarse, especialmente cuando se aproxima la etapa decisiva.
León puede tener buenos momentos e incluso competir por lapsos ante rivales importantes, pero necesita encontrar mayor equilibrio cuando el marcador le es adverso. Ante América, la desesperación terminó por imponerse al orden y los errores individuales se combinaron con un funcionamiento colectivo que dejó demasiado que desear.
Porque esta vez no faltaron ganas de reaccionar. Faltó futbol, concentración y, sobre todo, capacidad para mantener el orden.
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