NO TODO ES FÚTBOL 30/07/16

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LA VILLA OLÍMPICA – A escasos días de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río, los temores en torno a la organización y a la logística empiezan a convertirse en una dura realidad. La villa olímpica, esa que tantas veces fue denunciada por sus problemas al momento de ser construida, es el primer punto de controversia: inodoros que no funcionan, falta de agua caliente, olor a gas, y cables eléctricos sueltos, son algunos de los problemas que los primeros atletas en llegar han reportado.

Delegaciones como la australiana y la sueca han abandonado el complejo, y han optado por hospedarse en hoteles. Otras, como la argentina, han calificado de “inhabitable” a la villa. Y algunas más, como la italiana, de plano han tenido que llevar a sus propios plomeros y electricistas, para terminar los trabajos en sus habitaciones. De verdadera pena ajena.

Aunado a lo anterior, los asaltos –tan comunes en aquella ciudad- han comenzado a cobrar sus primeras víctimas, tanto en periodistas como en turistas. En los últimos días, las embajadas de diferentes países en Brasil han lanzado advertencias y recomendaciones a sus respectivos connacionales, pidiéndoles que extremen precauciones al transitar en aquella ciudad.

Desafortunadamente, en el plano extra deportivo, la justa olímpica pinta para ser un verdadero desastre.

Todo esto nos hace pensar en que, además de los altos costos económicos que implica organizar un evento de esta categoría, quienes eligen las sedes deben también considerar el entorno social del país anfitrión; y quien se propone como invitante debe analizar si obtendrá un real beneficio para su ciudad, o si los beneficiados serán solo unos cuantos. Hoy hablamos de Río, pero poca diferencia habría si se tratara de la Ciudad de México, Buenos Aires, o Bogotá: debido a los problemas socioeconómicos que padecen nuestros países, Latinoamérica no debería organizar estos eventos. Triste y dura realidad.

EL DATO: La villa olímpica tiene capacidad para albergar a 17 950 personas, repartidas en 3604 departamentos, que a su vez, están distribuidos en 31 edificios. Cuando finalicen los Juegos Olímpicos, la villa se convertirá en un complejo habitacional “de lujo”, cuyos apartamentos se venderán en la exagerada cantidad de 2,3 millones de reales brasileños, cada uno (más de 13 millones de pesos mexicanos).

Twitter @luismiguelgp

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