Tres puntos para La Fiera en el último suspiro

Por Luis Miguel Guerrero

Esta vez lo mejor fueron los tres puntos. León derrotó 2-1 a Juárez en un partido ríspido, accidentado y con poco futbol, en el que volvió a mostrar esa extraña bipolaridad que comienza a convertirse en costumbre: un equipo con dificultades durante la primera mitad y otro mucho más decidido después del descanso.

Los primeros 45 minutos fueron bastante pobres. La Fiera generó poco, centralizó demasiado sus avances y volvió a carecer de profundidad. Ismael Díaz tuvo una de las escasas aproximaciones durante los primeros 25 minutos, pero después su participación se diluyó. Juárez tampoco ofreció demasiado y apostó principalmente por el contragolpe, por lo que el encuentro terminó convertido en una lucha constante en el mediocampo, con demasiadas faltas y pocas emociones.

Hay situaciones que Gandolfi parece empeñado en repetir. Una de ellas es salir jugando en corto desde prácticamente todos los saques de meta. León lleva constantemente la pelota hacia los costados aun cuando el rival presiona y termina comprometiéndose innecesariamente. No todas las jugadas tienen que construirse de la misma manera y variar de vez en cuando ayudaría a hacer menos predecible la salida esmeralda.

Para el complemento, el técnico modificó y volvió a acertar. Los ingresos de Édgar Guerra, Juanpi Domínguez, Salvador Reyes y posteriormente Alfonso Alvarado cambiaron el funcionamiento. La Fiera tuvo mayor presencia en campo contrario, recuperó más adelante y comenzó a jugar cerca de la portería de Sebastián Jurado. Sin embargo, volvió a presentarse una contradicción que ha acompañado al equipo durante buena parte del torneo: domina por lapsos, tiene la pelota, pero genera menos ocasiones claras de las que debería.

Guerra fue particularmente importante. Su velocidad y disposición para encarar por el costado le dieron al ataque una variante que había estado ausente durante la primera mitad. No siempre toma la mejor decisión, pero cuando se atreve a explotar la banda obliga al rival a modificar su esquema defensivo y ofrece algo diferente a un León que insiste demasiado en atacar por el centro.

Caso aparte es el del joven Jesús Lara. Tuvo una mala primera mitad, como casi todos sus compañeros, pero mejoró considerablemente después del descanso y mostró personalidad y voluntad. Resultan exageradas algunas críticas hacia el canterano. Nos quejamos de la poca producción de fuerzas básicas, pero cuando aparece un joven pretendemos que inmediatamente juegue como Gilberto Mora. Lara necesita minutos, confianza y, por supuesto, tiempo para equivocarse.

También cumplió Irving Martínez. El arquero debutante mostró los nervios naturales de la ocasión, pero respondió cuando fue requerido y hasta tuvo personalidad para encarar a Estupiñán. Una presentación aceptable para alguien que apenas comienza a recibir oportunidades en Primera División.

León encontró la ventaja con el discutido autogol de Francisco Nevárez y parecía tener controlado el encuentro, hasta que apareció una de las decisiones más cuestionables de la noche. Pésima resultó la labor de Yónatan Peinado, especialmente al señalar un penal en tiempo agregado en una acción donde parece ser Lara quien recibe la falta. Estupiñán convirtió y todo indicaba que dos puntos se escapaban del Estadio León.

Por fortuna para los Verdes, los movimientos desde la banca terminaron haciendo nuevamente la diferencia. Guerra generó la última acción por el costado y el “Plátano” Alvarado apareció en el momento preciso para conseguir un 2-1 tan agónico como celebrado.

León ganó y sumó tres puntos importantes, pero el resultado no debe esconder un funcionamiento irregular. Gandolfi volvió a encontrar soluciones con sus relevos, aunque sigue teniendo pendiente conseguir que su equipo juegue desde el primer minuto con la misma intensidad que muestra después del descanso.

Esta vez alcanzó para ganar en tiempo agregado. Y aunque el desempeño estuvo lejos de ser redondo, los tres puntos cuentan exactamente igual.

X: @luismideportes

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