NO TODO ES FÚTBOL 05/01/21

Por Luis Miguel Guerrero

2021, DESAFÍO OLÍMPICO – Sin lugar a dudas, el reto para las entidades deportivas en este año que recién comienza, será el poder celebrar sus eventos en medio de una pandemia global que aún está lejos de terminarse.

A pesar de los avances médicos, el mayor conocimiento que se tiene sobre la enfermedad que nos azota, y la educación en torno al tema por parte de un sector de la población, el repunte de casos por COVID-19 a nivel global ha vuelto a poner en jaque a todos los organismos deportivos que tienen agendadas sus respectivas competencias en este 2021.

Indudablemente, el reto más importante para el mundo del deporte será la celebración de los Juegos Olímpicos en Tokio, los cuales fueron pospuestos luego del rápido avance de la enfermedad el año pasado. La situación en torno al evento es por demás complicada: los organizadores están ante la encrucijada de llevarlos a cabo en medio de una pandemia sin solución a la vista, y con pocas posibilidades de que esté totalmente superada para julio de 2021.

En lo económico, la postergación saldrá bastante cara: las autoridades japonesas confirmaron que los Juegos costarán unos 2.700 millones de dólares más de lo previsto, con 1.800 millones por los gastos asociados al aplazamiento y el resto en medidas para evitar infecciones.

Juegos “a menor escala”, simplificación de ceremonias de apertura y cierre, acceso limitado al público, la creación de una “burbuja” en la Villa Olímpica, e incluso la posibilidad de vacunar a todos los atletas, son algunas de las medidas que se tienen contempladas para la realización del evento.

Y de los problemas para los competidores, ya mejor ni hablar: Muchos de ellos han visto alterados sus ciclos de preparación, teniendo que entrenar como puedan y en donde puedan; varios han padecido la enfermedad, mientras que otros tantos -como los mexicanos- han visto alterados sus apoyos debido a los recortes por la crisis económica derivada de esta situación global.

De tal forma, Tokio 2020+1 se perfila como uno de los grandes desafíos en la historia del Olimpismo, y las soluciones que surjan para su celebración en medio de esta peste moderna marcarán un hito.

Twitter @luismiguelgp

¿Por qué se llaman Minnesota Timberwolves?

Por Luis Miguel Guerrero

La franquicia de los Minnesota Timberwolves fue creada en 1989. Desde 1987, la National Basketball Asociation (NBA) anunció la inclusión de cuatro franquicias de expansión siendo Orlando, Charlotte, Miami y la propia Minnesota las elegidas.

Las ciudades gemelas (St. Paul y Minneapolis) no habían tenido un equipo profesional de básquetbol desde 1969, cuando los Minnesota Pipers de la American Basketball Association (ABA) dejaron esa sede para jugar en Pittsburgh. Dos años antes, los Minnesota Muskies de la misma liga se habían mudado a Miami para convertirse en los Floridians.

Antes de los Timberwolves, el último equipo de la NBA en jugar en Minnesota había sido el de los Lakers de Minneapolis, que en 1960 decidieron partir a Los Ángeles.

Con Harvey Ratner y Marv Wolfenson como dueños originales, se convocó en 1986 a un concurso para elegir el nombre del nuevo equipo, siendo “Polars” y “Timberwolves” las dos opciones finalistas. El nombre de “Timberwolves” fue el ganador y se dio a conocer de manera oficial el 23 de enero de 1987.

El lobo rojo canadiense o lobo del Este (Timber wolf o Eastern wolf) es una subespecie de lobo diferente al lobo gris, que habita en el sureste de Canadá y en la región de los Grandes Lagos en Estados Unidos. Minnesota es el estado de la Unión Americana con mayor población de estos caninos, y por esa razón se eligió ese nombre para el equipo.

De la mano de Kevin Garnett, los Timberwolves tomaron popularidad a mediados de la década de los noventa y principios del nuevo siglo, aunque su única conquista deportiva hasta el momento ha sido el título divisional en el 2004.

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