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17 de marzo – En un día como hoy

(17 de marzo) En un día como hoy pero de 1990, Julio César Chávez, campeón mundial de peso ligero por el Consejo Mundial de Boxeo (WBC), derrota por nocaut en los últimos segundos del doceavo round a Meldrick Taylor, campeón mundial de la misma categoría por la Federación Internacional de Boxeo (IBF), en uno de los finales más emocionantes en la historia de las peleas de título mundial.

La pelea tuvo lugar en el Hilton de Las Vegas, ante un lleno total.

Taylor había dominado prácticamente todo el combate, controlando a base de velocidad los embates del mexicano, quien era considerado el mejor boxeador libra por libra del momento.

Chávez, lejos de frustrarse, saltó al último round sabiendo que el nocaut era su única opción, ya que Taylor estaba arriba en las papeletas (107-102, 108-101 y 104-105). Faltando 17 segundos para el final, Chávez conectó de derecha en el rostro del estadounidense, mandándolo a la lona.

Taylor recibió la cuenta de protección, pero el referee Richard Steele decretó la victoria para Chávez por nocaut técnico.

NO TODO ES FÚTBOL 08/11/19

EL POLÉMICO CANELO – Ódialo o quiérelo, pero con Saúl Álvarez no hay medias tintas. El sábado pasado, el boxeador tapatío conquistó su cuarto cetro mundial en diferentes categorías, venciendo al ruso Sergey Kovalev por nocaut técnico en el onceavo round, y desatando inmediatamente -y como es una costumbre cada que pelea- la polémica entre sus seguidores y detractores.

¿Qué tiene el “Canelo”, que es capaz de crear tanta controversia cada que sostiene un combate?

Álvarez es indudablemente uno de los mejores boxeadores del momento, y su récord de 53-1-2 con 36 nocauts lo deja en claro. El problema tiene que ver con sus inicios, y con el hecho de que quienes lo manejaban intentaron hacerlo “ídolo” de manera forzada y prematura. De tal forma, se quiso venderle al público la idea de que el pelirrojo estaba destinado a ser el sucesor de Julio César Chávez, y que era un púgil que marcaría época. Sin embargo, los auténticos seguidores del boxeo -a quienes difícilmente se les puede engañar- inmediatamente supieron que, aunque tenía mucho potencial, el camino de Álvarez estaba totalmente allanado, y que su imagen poco a poco se inflaba con un desfile de costales que se paraban frente a él.

Esto quedó de manifiesto cuando aquel 13 de septiembre de 2013 se enfrentó al elusivo y colmilludo Floyd Mayweather. El estadounidense hizo ver mal al “Canelo”, y -al menos en ese momento- quedó demostrado que Álvarez no era el gran boxeador que muchos pensaban.

Saúl y sus promotores aprendieron de esa amarga experiencia, y aunque los “bultos” siguieron siendo parte de su camino a la cima, también mejoró notablemente en su técnica: Álvarez es en la actualidad uno de los mejores en el contragolpe y en el golpeo al cuerpo.

Después de aquel revés, el “Canelo” ha sido capaz de conquistar 4 cinturones en tres categorías más, y su contrato millonario del 2018 con la empresa DAZN por 365 millones de dólares, lo convirtió en uno de los deportistas mejor pagado en el mundo.

Sin embargo, y a pesar de todo lo anterior, nos queda claro que Álvarez nunca será ídolo.

Su actitud soberbia ante los rivales, su falta de humildad y de carisma, y el hecho de mostrarse siempre retador ante las críticas, han hecho que un sector de la afición mexicana no lo quiera. Para colmo, y en estos tiempos de tanta polarización en nuestro país, sus seguidores –intolerantes e igual de retadores que él- sostienen la absurda teoría de que todo aquel que ose criticarlo “es un envidioso y mal mexicano”. Sostener ese argumento es mezclar la gimnasia con la magnesia.

Con toda seguridad, Álvarez seguirá venciendo rivales, rompiendo records y ganando millones. Pero también estamos seguros de que jamás ocupará un nicho entre los grandes ídolos del boxeo mexicano (Macías, Olivares, Chávez y quizás Márquez); el “Canelo” nunca estará en esos espacios reservados para quienes los aficionados deciden colocar porque se lo merecen, no porque alguien quiera convencerlos de que tienen que estar ahí.

Y es que, como decían los antiguos, “los ídolos nacen, no se hacen”.

Twitter @luismiguelgp