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NO TODO ES FUTBOL (01/11/24)

Por Luis Miguel Guerrero

ALTA AUDIENCIA – Sin ser demasiado espectacular, aunque sí lo suficientemente emocionante, la Serie Mundial jugada entre Dodgers y Yankees logró acaparar la atención no solo del público beisbolero, sino también de los espectadores ajenos al “Rey de los Deportes”.

Se calcula que más de 18.6 millones de espectadores vieron el juego 5 de la Serie Mundial en Estados Unidos, cifra equivalente a un rating nacional de 5.27, el más alto para este evento desde 2017. Sin embargo, los ratings fueron más elevados -obviamente- en Los Ángeles (21.1) y en Nueva York (14.8). A todo esto, habrá que sumar los altos niveles de audiencia en Japón y Latinoamérica, que hicieron de esta la Serie Mundial más vista en televisión en los últimos años.

BRILLANTE DESEMPEÑO – En el diamante, los Esquivadores fueron la novena más consistente y la que jugó de forma más estratégica, logrando ser resiliente en los momentos complicados, y teniendo -finalmente- en Dave Roberts a un excelente estratega. Este “Clásico de Otoño” será recordado no solo por el gran desempeño de Freddie Freeman en la caja de bateo y por la excelente labor del bullpen angelino en cuatro de los cinco partidos; será también recordado por la consistencia de la novena californiana ante unos Yankees que anímicamente no fueron capaces de recuperarse tras el “walk off” del propio Freeman en el primer partido.

Luego de conquistar su octavo título mundial, los Dodgers de Los Ángeles están ante la oportunidad histórica de convertirse en la nueva dinastía en Grandes Ligas, y finalmente han entendido que los campeonatos no se consiguen solo con base a “billetazos”; se requiere también poner corazón en los momentos clave. Y corazón fue lo que le sobró a este conjunto.

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NO TODO ES FÚTBOL (08/08/24)

Por Luis Miguel Guerrero

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS – El tema de los Bravos de León (37-53, .411) y su mala temporada indudablemente que da mucho para el análisis.

La “Tribu Leonesa” ha vivido tal vez la peor campaña desde su regreso a la Liga Mexicana de Béisbol, allá por el 2017. Y no me refiero a los números -que el año pasado fueron peores-, sino a detalles más allá de la frialdad de estos.

La pobre temporada de los Bravos tiene que ver más con lo mal que se hicieron las cosas afuera del diamante, y con las consecuencias que estas ya traen, como el rompimiento que se dio con un sector de su fanaticada, que por primera vez en siete años, decidió dejar de ir al “Domingo Santana”. Las causas de una campaña tan pobre son muchas, y cuesta trabajo tratar de encontrar una sola explicación.

Para empezar, este equipo nunca tuvo continuidad en su roster. De tal manera, vimos desfilar a una gran cantidad de peloteros, muchos de los cuales inexplicablemente fueron canjeados cuando mejor desempeño se tenía, y que fueron piezas importantes para tener un buen inicio de torneo. Con el aparente argumento de que pasaban por un “slump”, beisbolistas como Tito Polo, Alex Mejía y Aneury Taváres dejaron a la novena leonesa, solo para irse a tener buen rendimiento en otras escuadras.

Es dificil saber si esta gran cantidad de transaccciones fueron sólo por decisiones a nivel gerencial, o si se debieron a cuestiones extradeportivas. El asunto es que tantos movimientos, incluido el cambio de manager, terminaron por afectar el buen desempeño de los Bravos en toda la segunda mitad de la campaña.

La responsabilidad de la directiva incluye también la conformación de un deficiente cuerpo de lanzadores, especialmente lo que se refiere al departamento de relevistas y cerradores. Esto no tiene ciencia: cuando una escuadra no está bien reforzada en su pitcheo, difícilmente puede trascender en un torneo.

Los Bravos de León tienen el compromiso de planear una mejor temporada en el 2025. Insisto, el octavo lugar en la zona sur, por arriba de Campeche y Quintana Roo, y con números similares a novenas como Jalisco y Durango, pareciera no lucir tan desastroso; pero hay heridas que no se notan a simple vista, y cuya sanación tiene que ver con el tratar de reconquistar a un sector del público que se ha alejado del estadio, y el dejar de aparecer como un equipo mediocre.

Es cierto que el “buen ambiente” en la tribuna, la venta de cerveza, y las promociones pueden ser muy atractivas, pero si no se piensa en el objetivo primordial, que es el tener una novena competitiva, la ruptura con la afición y la imagen del equipo, pueden ir de mal en peor.

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