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NO TODO ES FÚTBOL (05/07/24)

Por Luis Miguel Guerrero

EL DESASTRE LLAMADO “BRAVOS” – Lo que parecía una temporada promisoría para los Bravos de León allá por abril, se ha convertido -gracias a su irregular desempeño- en una verdadera pesadilla para el propio equipo, y en un auténtico calvario para sus seguidores -al menos para aquellos que sí saben de beisbol-.

La escuadra leonesa, que al momento de escribir esta columna marcha con un récord negativo de 27-40 y se ubica en el octavo sitio de la Zona Sur, ha venido a menos desde el Juego de Estrellas, sufriendo constantes cambios en su roster, la mayoría de ellos con muy malos resultados. En algo que pareciera un intento desesperado por enmendar una mala planeación, los directivos de esta novena se han puesto a intercambiar jugadores a “diestra y siniestra”, al grado de tener en esta recta final del certamen a un cuadro muy distinto -para mal- del que inició la campaña.

En el Beisbol, los intercambios de peloteros entre equipos durante la temporada son algo común, y se comprende que los “slumps” (baja de juego) en los jugadores son causa para estos sean enviados a otra escuadra. Pero cuesta trabajo entender el por qué se ha hecho del trueque de peloteros un sistema -fallido, por cierto- en los Bravos, en el que se traen jugadores que terminan teniendo un rendimiento peor al de quienes sustituyeron.

Aunque en el aspecto de mercadotecnia han sido atinados -el estadio ha tenido excelentes entradas, gracias al “buen ambiente” y a la venta exagerada de alcohol-, se les olvida a los dirigentes bravos que el arraigo y la identidad por el lado deportivo también son aspectos importantes para crear una verdadera afición. Resulta complicado para el público leonés identificarse con sus jugadores, si estos son mandados a otra escuadra “a las primeras de cambio”. De tal forma, los aficionados leoneses han visto partir en esta campaña a elementos con quienes -independientemente de sus slumps- ya se identificaban, como Alex Mejía, Aneury Tavárez, Keven Lamas y Wendolyn Bautista, entre varios más.

En lo deportivo, ya ni siquiera tocaremos el tema de la deficiente conformación del cuerpo de lanzadores, lo cual ha sido un punto medular para la pobre temporada de la novena del Bajío.

Desafortunadamente, esta ya es otra pésima campaña para la “Tribu Leonesa”, y si no se toman medidas serias en la planeación del próximo torneo para de verdad tener un equipo combativo, el público poco a poco podría comenzar a alejarse del “Domingo Santana”.

X: @luismideportes

NO TODO ES FÚTBOL (19/06/24)

Por Luis Miguel Guerrero

EL NUEVO CAMPEÓN – Con su aplastante victoria cuatro juegos a uno sobre los Mavericks de Dallas, el conjunto de los Celtics de Boston se confirmó como el más poderoso de la NBA, y de paso quedó en solitario como la franquicia con más campeonatos en la historia de la liga (18), rompiendo el empate con sus acérrimos rivales, los Lakers de Los Ángeles.

Los bostonianos jugaron estas finales casi por nota, a excepción del cuarto partido celebrado en Dallas, en el que aflojaron en varios lapsos, permitiendo la victoria texana. Joe Mazzula, coach de los Celtics, le “comió el mandado” a Jason Kidd, quien desde su estrategia nunca pudo descifrar lo planteado por un rival incómodo, que es capaz de defender y atacar con la misma solvencia.

Jason Tatum tuvo un gran desempeño, tanto en la temporada regular como en los playoffs, y obviamente en las Finales. Tatum es la verdadera estrella de este conjunto y ninguno de sus compañeros estuvo cerca de su desempeño y números.

Sin embargo, es justo señalar que Jaylen Brown fue mejor que su compañero en los últimos cinco partidos de la temporada, por lo que ha recibido merecidamente la distinción de MVP de las Finales, promediando 20,8 puntos, 5,4 rebotes y 5 asistencias. Indudablemente, estos dos forman la mejor mancuerna de toda la liga.

Pero lo de Boston va mas allá de su pareja de estrellas: los Celtics son un equipo muy trabajado y bastante conjuntado: el aporte de elementos como Kristaps Porzingis, Jrue Holiday, Derrick White y Al Horford, tanto en temporada regular como en los playoffs, fue importantísimo para que los bostonianos alcanzaran la corona.

La clave del éxito para Boston es el balance. Todos atacan y todos defienden: si alguien no dispara, seguramente hará sentir su presencia al rival cuando este ataque. Los Celtics son letales a la ofensiva, pero también son un equipo concentrado a la hora de defender, y lo hace de forma férrea, rayando en lo duro.

Dallas y Doncic lo intentaron, pero el rival fue muy superior. En conclusión, pudieramos estar presenciando el inicio de una dinastía, y dependerá de los propios jugadores bostonianos consolidar esta posibilidad.

X: @luismideportes