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NO TODO ES FÚTBOL 30/01/21

Por Luis Miguel Guerrero

POR LOS CIELOS – Al hablar cada año del precio de los boletos para el Súper Bowl, solemos mencionar cantidades exhorbitantes. Pero este año, en medio de la pandemia, las cantidades se han ido por encima de las nubes.

Como ya sabemos, la edición 55 del Súper Tazón se celebrará en el Raymond James Stadium, en donde los Bucaneros de Tampa Bay serán el primer equipo en la historia de estas finales en ser local.

El “Ray Jay”, con una capacidad para 65,618 espectadores, y que es famoso por el barco pirata ubicado en una de sus tribunas, solo admitirá 22 mil aficionados para el Gran Juego, siguiendo indicaciones de la NFL y del gobierno de Florida.

Además, habrá que tomar en cuenta que 7,500 de esos lugares serán para el personal de salud, por lo que las entradas para el duelo entre Chiefs y Bucaneros del próximo 7 de febrero están más cotizadas que nunca.

El precio de los boletos, que originalmente rondaba los 2 mil dólares (40 mil pesos mexicanos), va desde los 6130 dólares (unos 122,600 pesos mexicanos) hasta la absurda cifra (según el sitio SeatGeek) de 336,000 dólares (6 millones, 720 mil pesos mexicanos aproximadamente).

El encuentro entre estas dos excelentes escuadras promete ser memorable, y el poco público presente podrá disfrutar un buen espectáculo deportivo. Sin embargo, y más en estos tiempos de pandemia, las cifras manejadas parecen un lujo inalcanzable para la mayoría de los mortales.

EL DATO: En el Súper Bowl I, jugado en 1967, el precio promedio de un boleto fue de 12 dólares (unos 90 dólares actuales, de acuerdo a la inflación). El año pasado, en el Súper Bowl LIV, el precio promedio de una entrada fue de 3,448 dólares.

Twitter @luismiguelgp

NO TODO ES FÚTBOL (17/01/21)

Por Luis Miguel Guerrero

¿BOMBA DE TIEMPO? – El aumento de casos de COVID-19 entre los jugadores de la NBA, y la cantidad de partidos pospuestos en la última semana, han encendido las luces de alerta en la liga.

Llama la atención que los directivos del circuito afirmen tener todo bajo control, aún cuando la pandemia está en franco avance hacia el interior de los conjuntos. Apenas el domingo pasado, el vocero de la liga, Mike Bass, afirmó que “no hay planes de pausar la temporada, y continuaremos bajo la guía de nuestros expertos médicos y de los protocolos de salud y prevención”.

Sin embargo, y hasta este viernes, la mitad de los equipos tenían al menos un jugador siguiendo los protocolos de sanidad. Trece partidos han sido pospuestos desde que arrancó la temporada, pero doce se dieron desde el domingo anterior. Así de delicada es la situación.

El problema para esta competencia es que, a diferencia de Grandes Ligas y NFL, los rosters son cortos y no hay oportunidad de compensar ausencias, como ocurre en el béisbol y en el fútbol americano. Además, el impacto de perder a uno o dos jugadores en un equipo de básquetbol -en especial si alguno es una estrella-, no se compara a perder uno o dos elementos en un cuadro de los deportes antes señalados.

¿Podría la NBA volver a la burbuja de Orlando? Es poco probable, no solo porque esta le costó a la liga $180 millones de dólares solo por celebrar en Disney la parte final del torneo anterior, sino también porque será muy difícil que los jugadores acepten aislarse por segunda vez, y por un periodo de tiempo más prolongado que la ocasión anterior. 

De continuar la tendencia actual, la solución más viable -antes de pensar en una suspensión del torneo- sería reducir el número de juegos en el calendario (tal vez a 50, en lugar de los 72 programados).

Es irónico que en una liga que apenas hace unos meses presumía eficiencia en medio de la pandemia, las cosas estén a punto de salirse de control. Así son los tiempos del COVID.

Twitter @luismiguelgp